Setninger med hondo

Eksempler på bruk av ordet hondo i setninger på spansk.

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Tomaría un plato hondo y luego deslizaría el vaso con mucho cuidado hacia el borde de la mesa, y dejaría que el agua corriera en el plato hondo - no tiene que caer al suelo.
Jeg ville ta en suppetallerken og så glide glasset veldig forsiktig over til kanten av bordet, og la vannet renne ned i suppetallerkenen - det trenger ikke å renne på gulvet.
Tom respiró hondo.
Tom trak en lang pust.
Tom respiró muy hondo.
Tom tok et veldig dypt pust.
Respira hondo y relájate.
Ta et dypt pust og slapp av.
¿Tenéis un plato hondo?
Har du en suppeskål?
¿Tienes un plato hondo?
Har du en suppeskål?
Este pozo es muy hondo.
Denne brønnen er veldig dyp.
Esa película caló hondo en mí.
Jeg ble rørt av denne filmen.
El lago está muy hondo.
Sjøen er veldig dyp.
Tom respiró hondo y trató de componerse.
Tom tok et pust og prøvde å samle seg.
Tom respiró hondo tres veces.
Tom tok tre dype åndedrag.
Tom respiró hondo y cerró los ojos.
Tom tok et dypt pust og lukket øynene.
Tom respiró hondo y no dijo nada.
Tom tok et dypt pust og sa ingenting.
¿Tienes un tazón hondo para sopa?
Har du en dyp bolle til suppe?
Ella respiró hondo y comenzó a hablar sobre su situación.
Hun trakk pusten dypt og begynte å fortelle om situasjonen sin.
Lo único que se permitió fue un suspiro más hondo que de costumbre, el último: «Pobre hombre!».
Barranco Hondo es un núcleo de población perteneciente al municipio de Candelaria, al sur de la isla de Tenerife, (Canarias, España).
Toni Portillo, su preparador físico, Pep Font, su psicólogo, Esperanza Gutiérrez, ayudante de prensa, respiran hondo.
Hondo pesar causó la muerte de Peter Dubovsky, que a pesar de no ser español, ni siquiera de haber muerto en España, fue aquí donde desarrolló su carrera deportiva.
Tocó el familiar bulto con cuidado, recorriendo sus aristas con las yemas de los dedos, contemplando la imagen que le devolvía el espejo y pensando que todo aquello ya no tenía remedio, que nada podía hacer ya por su cara, ni por su pecho, por esas piernas que no veía, pero sabía tan huesudas y separadas como las patas de un pollo mojado, y por esa carne blanquecina, fofa, que comenzaba a acumularse en torno a su cintura, a descolgarse hacia abajo arrastrando en su vértigo un ombligo progresivamente hondo, para añadir una nueva vejación, la de los años, a un cuerpo condenado de antemano, desde antes de existir, a ser feo.

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